lunes, 23 de enero de 2012

Mis manos...

Hace un tiempo leí de un viejo papel algo así como "ví mis manos y sentí tristeza al pensar que pude haber hecho algo mejor con esas manos. Pude tocar el violín,plantar un árbol,escribir un libro, escalar una montaña, preparar un pastel, acariciar a alguien. Y sin embargo todo lo que hice fue nada". No se si es preciso, de hecho creo haber incluido un par de ideas personales en el fragmento. Lo que sí se es que lo escribió un tal Charles Bukowski y de lo que estoy seguro es que sabía lo que decía.
Desde ese día me levanto cada día por la mañana y veo mis manos pensando "pude haber hecho algo mejor con estas manos". Es curioso como con el pasar de los años uno se da cuenta que el tiempo no perdona.Es cierto, nunca es tarde para hacer algo, lo que también es cierto es que tal vez sea tarde para conseguirlo. Eso sí, jamás será tarde para comenzar un cambio, lo que hay que considerar es si ya ha pasado el tiempo para generar lo que pensamos que ese cambio debe generar. En fin.

Siempre he pensado que un cambio real se genera desde adentro. Así como los imperios se destruyen desde el interior,también se crean desde sus raíces. Uno no puede esperar que el cambio, al menos uno integral, llegue desde el exterior. Pueden llegar ideas y propuestas, pero nunca la respuesta.

Día a día enciendo el televisor, leo el periódico,escucho el radio y es imposible no darse cuenta de la pusilánime realidad en la cual estamos inmersos. Estamos rodeados de frivolidades, de malas noticias,de escenarios apocalípticos y de una deshumanización que raya en lo absurdo.

Pero eso es algo que se repite como si fuera cíclico siglo tras siglo. En cada época histórica se han vivido crisis,catástrofes y actos inhumanos. Eso , sin ser frío, no me sorprende.

Lo que realmente me sorprende y preocupa, es que sin importar esta repetición de condiciones, este deja vu del escenario, el ser humano no termina de aprender. Aparentemente podemos heredar vicios,podemos heredad casas,autos, bienes materiales y cuestiones financieras, pero lamentablemente no podemos heredar aprendizaje. Pareciera que las nuevas generaciones se han empeñado en repetir la historia una y otra vez.

No es necesario hacer el tema tan globa. Nuestro México, nuestra sociedad parece empecinada en repetir su historia de odio y amor ante las injusticias, inequidades, crisis y catástrofes que año tras año, década tras década se han repetido.

Da pena salir  la calle y ver la cantidad de gente desempleada y escuchar en el radio o en la TV que hubo crecimiento en todos y cada uno de los Estados de la República ¿cómo es eso?

Da impotencia leer día a día en el periódico o en algún sitio de internet que tal o cual político fue participe en uno de los múltiples circos que suelen protagonizar allá por San Lázaro.

Que coraje saber que mañana habrá más narco homicidios y que nadie hará nada. Que tristeza saber que de a poco nos acabamos esa riqueza natural tanto nos enorgullece.

Pero lo que es de miedo es observar como sin importar lo que pasa, el mexicano común es inmune a tanta barbaridad. Es un alivio ver que hay células que alzan su voz, que proponen y contraponen. Pero seamos honestos, esas células no podrán hacer mucho si no tienen el apoyo de su pueblo.

No es necesario ir tan lejos, ni hace falta un análisis sociológico para entender como funcionamos. Hagamos un análisis personal. Yo estoy aquí escribiendo esto, que nada de nuevo tiene, que es obvio a todas luces y lo peor del caso es que no puedo decir mucho porque poco es lo que he hecho.

Vivimos en un mundo donde lo instantáneo suplió a lo duradero, poco a poco se cumple el escenario del cuento de Fuentes "El que inventó la pólvora" y un día nos vamos a despertar para comprar una cuchara que sólo nos servirá unos minutos y nuestra única reacción será comprar otra porque tenemos que consumir y porque "necesitamos" otra cuchara.

Nos hemos acostumbrado a la frialdad de los números, al endiosamiento del dios dinero, al consumismo, a la felicidad material. La mitad del tiempo vivimos preocupados por cosas que no han pasado y calculando lo que aún no hemos hecho. Pasaron los días donde la experiencia te permitía caminar lentamente y con las manos detrás porque de esa manera podías contemplar el milagro natural de la vida y la existencia.

El final del día termina y termina vacío. Nos han enseñado el valor de la indiferencia,hemos aprendido al costumbre de no pensar, hemos sustituido el hambre de conocer por el de tener, el hambre de hacer por el de comprar, el de ver en lugar de participar.

Somos una generación soberbia, que piensa saberlo todo porque a todo tiene acceso y olvidamos que para aprender hay que vivir, para crear hay que actuar.

Hoy miro mis manos y pienso nuevamente "pude haber hecho algo mejor con estas manos". El cambio empieza por uno, es a mi al que le fallo y a la vida a quién decepciono. Aunque el camino es responsabilidad de uno, el destino lo tendremos todos como sociedad. A menos que empecemos  caminar nuestros caminos, a hacer nuestros senderos en lugar de sentarnos a verlos y esperar que la multitud nos arrastre, podemos irnos despidiendo de "el México y le mundo que todos queremos".

Charles Bukowski escribió "pude haber hecho algo mejor con ellas" y bueno,escribió un libro para contarlo.
Es momento, siempre lo es, de comenzar a escribir el nuestro.

Dejemos de ser el "pueblo del mañana" porque el hoy ya nos ha alcanzado y no pretende esperar.

viernes, 20 de enero de 2012

La última del día...

Conducir en autopista siempre me ha gustado. Son esos instantes en que siento que realmente conduzco mi vida,   son periodos en los cuales se exactamente hacia donde me dirijo,sin titubeos y sin dudas. De repente un señalamiento tan sólo para recordar mi destino. A veces pienso ¿por qué la vida no es así?

No,la vida es precisamente como conducir un auto,pero sin certeza del rumbo y del destino ¿Cómo será andar sin sentido? ¿cómo será desconocer el destino? me lo pregunto sabiendo que no necesito preguntarlo, eso se vive.

No me parece tan trágico. En los últimos días he conocido lo que sí es verdaderamente trágico: tener la certeza de un destino y desconocer el camino, perder el rumbo y dudar de ese destino.

Agobia pensar que no existe ese fin del camino que parecía tan claro, cansa sospechar que no es sino producto de mi sobrevalorada autoestima. Fatiga en realidad.

A veces quisiera tener 3 deseos y solucionar mis incertidumbres. Pero he descubierto otra cosa de mi: no soy el mismo sin la incertidumbre. El factor de lo impredecible le da sentido a mi vida. No hablo de la vida, pienso   sólo en la mía.

Con el tiempo logré controlar la ansiedad al respecto, lo convertí en un estilo de vida. Es un problema cuando   de repente comienzo a desear estabilidad. Mi naturaleza no me permite la idea del sedentarismo profesional o personal.

Me he dado cuenta de que necesito  una sola cosa: equilibrio. Toda una catarsis para un servidor. De pronto la rueda no gira a mi favor y parece que se me derrumba el mundo,acostumbrado al viento a favor, navegar contra corriente ha costado.

Fríamente no ha sido mucho el camino en ese tenor, ciertamente tuve otras metas en mente en las cuales me enfoqué y habiéndolas conseguido es difícil redireccionar la nave. Por suerte siempre cuento con esos momentos lúcidos donde encuentro la energía, la fuerza y las razones correctas para volver al rumbo con bríos nuevos.

Hasta aquí parece que sólo divago al respecto. Sinceramente así es,tan sólo ensayo para cuando tenga algo verdaderamente importante que comentar.

jueves, 19 de enero de 2012

Bienvenu

Exposé no es sino el espacio en el cual me expongo. Iniciándome un poco en el arte de las letras (muy humildemente), este será mi primer ensayo para dejar salir todo lo que ronda por mi mente (mucho o poco). En este acontecer actual donde me encuentro rodeado de las frivolidades del mundo moderno buscaré darle un buen uso a la red. La calidad de este sitio no está garantizada. Es, en todo caso, un salida personal para decir lo  que no digo en la vida diaria, para alejarme momentáneamente de la realidad cotidiana y expresarme libremente. Exponer mis ideas e inquietudes ante mi, el mayor de mis jueces, probablemente el único con la calidad moral para emitir opinión o juicio alguno sobre mí. Ante la invasión de las redes sociales y los medios masivos de comunicación, ante el ruido de las calles y el del hogar mismo, ante los estándares y convencionalismos que se empeñan en dictar el rumbo de mi destino, será este mi patíbulo, mi confesionario o simple y llanamente, mi cuadernillo de ideas.